LAS FAMOSAS “RABIETAS”

A todos los padres les resultará familiar el término “rabieta” o “pataleta”, ya que estas son muy frecuentes en los niños de los dos a los cuatro años, pues son parte del desarrollo evolutivo del niño.

 

¿Por qué se producen? Pues bien, tienen lugar porque los niños no son capaces de soportar la frustración de no tener algo que desean o tener que esperar para ello. El resultado de esta frustrante situación se convierte en una auténtica pataleta (expresión de la ira), en la cual los niños ponen todos los medios que tienen a su alcance para llamar la atención, salirse con la suya y conseguir lo que desean.

 

Por ejemplo, todos habrán visto cómo su hijo/a ha llorado, ha gritado y ha montado un “numerito” en algún establecimiento público, porque quería algo (chuchería, juguete…) que no podía tener en ese momento y por tanto usted se lo ha negado.

 

En ese momento, queriendo evitar la embarazosa situación e intentando que su hijo se calme, usted le ha dado o comprado lo que quería. Pues bien, esta conducta únicamente ha servido para que su hijo/a aprenda que con estas rabietas va a conseguir todo lo que quiera, por tanto, las realizará frecuentemente.

 

 

rabieta

 

 

Tras la pataleta, cuando el niño está calmado, es cuando debemos prestarle atención, reforzando este comportamiento.

 

A pesar de que este tipo de conductas sean normales en el desarrollo del niño, es decir, que posiblemente desaparezcan con la edad conforme aumente el control sobre sí mismos, no significa que los padres no podáis ayudarles en el manejo y control de estas expresiones emocionales. Esto se consigue estableciendo límites claros, siendo firmes en ellos y recompensando o reforzando las conductas apropiadas. Se trata de disminuir la frecuencia, la intensidad y la duración de las conductas desadaptadas que tiene el niño/a hasta su total extinción.

 

Si no sabe cómo controlar las rabietas de su hijo/a puede solicitar asesoramiento psicológico en el 662 211 262, ya que un manejo incorrecto de estas conductas en la infancia puede derivar con el tiempo en otros trastornos de conducta, como es el trastorno oposicionista desafiante.

 

 

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