Todos en alguna ocasión nos hemos planteado si nosotros mismos o alguien cercano a nosotros, familiar o amigo,  está abusando de alguna sustancia o actividad, ya sea del alcohol, de la marihuana o de las redes sociales entre otros. Y es que esto es muy importante para poder ser conscientes de si estamos traspasando el límite, es decir,  para  saber si es necesario pedir ayuda.

 

En primer lugar hemos de diferenciar tres conceptos: Uso, Abuso y Dependencia. El primero de ellos, el Uso, se refiere a la conducta que realizamos habitualmente pero que podemos dejar de hacerla en el momento que queramos o que se nos pida. En el abuso por el contrario, dedicamos cada vez más tiempo a la actividad, dejando de hacer otras cosas que solíamos hacer.

 

Esta es una pregunta que todos los que han sufrido una ruptura con su pareja se han hecho alguna vez, inmersos en ese estado de tristeza en el que echamos de menos a la persona que ya no está a nuestro lado, añorando los momentos vividos con ella  y sin saber muy bien como volver a orientar (retomar) nuestras vidas.

Pues algunas veces nos centramos tanto en una relación, que cuando ésta termina, nos encontramos perdidos, desorientados, sin saber cómo actuar o qué hacer para sobrellevarlo, porque de repente  nuestras rutinas junto a la otra persona han cambiado, han desaparecido. Y es que todo ha cambiado porque “todo lo compartíamos”, por ello es importante que además del tiempo que la pareja comparte como tal, cada miembro tenga su propio espacio y tiempo de ocio individual, con el que pueda desarrollarse como persona.


 

Los niños experimentan muchos miedos a lo largo de su desarrollo, la mayoría son pasajeros, propios de la edad, que desaparecen por sí solos con el paso del tiempo.

 

El miedo a la oscuridad, es el miedo más común entre los niños de 3   a 8 años. Los miedos son adaptativos y saludables, porque además de alejarnos del peligro, a los niños les permite enfrentarse a situaciones difíciles que se encontrará a lo largo de su vida.

 

Pero hay ciertos estímulos, como la oscuridad, que son neutros, pero que sin embargo los interpretamos como amenazantes.Esto es debido a que los asociamos a sensaciones o experiencias negativas, como suelen ser las pesadillas.

 

 

Como es costumbre en nuestra cultura,  la última noche del año solemos hacer una reflexión acerca de cómo hemos vivido el año, generando con ello una serie de propósitos o deseos que queremos cumplir para el año que comienza, ya que como se suele decir "¡Año nuevo, vida nueva!".

 

Estos propósitos llevan consigo una serie de cambios, que en muchos casos son poco realistas (idealizados), y es fundamentalmente por este motivo por el que la mayoría de las veces los abandonamos rápidamente, porque se une una escasa fuerza de voluntad junto a una insufuciente motivación, al percibirlos como inalcanzables.

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