Tras muchas semanas confinados, donde la ansiedad, la angustia y el miedo han afectado a la gran mayoría de la población, estamos en plena desescalada, por ello me parece interesante hablar acerca de cómo afrontamos esta nueva normalidad.

Existen muchos tipos de reacciones por parte de las personas tanto en el confinamiento como durante la desescalada. En la escala del miedo existen dos polos opuestos. Por un lado las personas que están reaccionando a la situación como si nada hubiera ocurrido, como si no se acordaran de las pérdidas en todos los niveles que hemos tenido. Y en el otro lado, se encuentran las personas a las que les está costando adaptarse a la nueva normalidad, porque todo esto les produce grandes niveles de ansiedad y estrés, debido a una alerta extrema. Es por ello que me voy a centrar en éstos últimos.

El periodo navideño es época de nostalgia, de reflexión, es el momento de plantear nuevas metas para el año siguiente, pero también es época de estrés y ansiedad en ocasiones, pues hay que comprar regalos, amigo invisible, hay que preparar comida para los encuentros familiares, tenemos comidas de empresa, así como de las distintas actividades a las que asistimos, etc.

A pesar de ello, para muchas personas, la mayor fuente de estrés durante las vacaciones de Navidad es la familia, principalmente, las comidas familiares, las tradiciones familiares, ya que en estas fechas de reunión suelen encontrarse con el famoso “cuñado sabelotodo”, “el tío que no se ocupa del cuidado del abuelo”, “el primo antipático”, “la familia política” (que une los conceptos que provocan mayores discusiones, familia y política), etc.

¿Nuestro cuerpo tiene memoria? Lo cierto es que sí, las experiencias que vivimos a lo largo de nuestra vida, nos afectan, nos cambian y quedan registradas no solo en nuestra memoria, si no también en nuestro cuerpo, el cuál en ciertas ocasiones responde avisándonos de que algo no va bien, que algo no está encajando. Digamos que nuestro cuerpo expresa aquello que callamos, ya que es en él donde habitan nuestras emociones.

 

Todos, alguna vez hemos aguantado el chaparrón. ¿Para qué? para demostrarle a los demás que podemos con todo, que podemos seguir hacia adelante aunque nuestra mochila esté llena de piedras, seguimos caminando hasta que un día nos damos cuenta de que hemos perdido el norte, no podemos más, ya no somos la misma persona, hemos dejado de lado cosas que para nosotros eran importantes, y todo porque nos hemos dejado llevar por la inercia de las tareas

Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo:

- "He mandado hacer un precioso anillo con un diamante a uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo".

Hoy con motivo del Día de los Enamorados, San Valentín, nos parece interesante hablar del amor, ya que hoy la mayoría de las parejas celebran su amor, cariño y pasión hacia el otro miembro. Día a día utilizamos la palabra amor, pero,  ¿de qué se compone el amor?, ¿qué hace que una pareja se mantenga en el tiempo?, ¿es lo mismo amar que estar enamorado? .

Haciendo referencia a la primera pregunta, ¿de qué se compone el amor? El psicólogo Sternberg desarrolló una teoría acerca del amor y las relaciones de pareja a la que llamó “EL TRIÁNGULO DEL AMOR”, en ella explicaba que el AMOR PLENO se conseguía con unión de tres vértices: PASIÓN, INTIMIDAD Y COMPROMISO.

Que levante la mano el primero al que no le haya surgido esta pregunta alguna vez en su vida, en la que de repente ha sentido unas ganas enormes de comer todo aquello que digamos es “insalubre” a nivel nutricional, tipo chocolate, fritos, comida basura… Lo cierto es que prácticamente le ha sucedido a todo el mundo.

Toda separación es una situación complicada y dolorosa para aquellas parejas que han decidido emprender un camino por separado, pero esta situación es todavía más difícil cuando hay niños fruto de esa relación. 

En estos casos, es importante saber  cómo manejar la situación para normalizarla y disminuir el sufrimiento de los menores. Aquí os dejo una serie de consejos para hacerle frente y facilitar la adaptación.

Día a día escuchamos muchas cosas acerca de la inteligencia emocianal, pero realmente ¿nos hemos parado a pensar que significa esta palabra? SER INTELIGENTE EMOCIONALMENTE, implica conocernos a nosotros mismos, identificar las emociones que experimentamos y conocer cómo estas nos afectan, para poder gestionarlas de manera eficaz sin dejarnos llevar por ellas.

 

Del mismo modo, nos sirve para no caer en el error de malinterpretar los sentimientos e intenciones de los demás, conociendo cómo se pueden estar sintiendo para actuar de una determinada manera (algo a lo que los psicólogos llamamos empatía) y mejorando con ello nuestros vínculos sociales.

Seguro que este cuento lo habéis leído muchísimas veces, pero me parece realmente interesante plasmarlo aquí porque es muy útil, sobretodo para las personas que se dejan llevar por sus preocupaciones, pasándose gran parte del día pensando en ellas y haciéndolas todavía más grandes si cabe, a lo que los psicólogos llamamos "efecto bola de nieve".

La psicóloga de una sesión grupal, en un momento dado levantó un vaso de agua.

Este fin de semana miles de parejas han celebrado su amor por San Valentín, una fecha clave en el calendario de todo enamorado para demostrarle a su pareja que le quiere, a través de regalos, detalles, cenas románticas o escapadas. Pero realmente ¿qué diferencia ese día del resto de días del año? ¿Ocurre algo especial que no pueda suceder cualquier otro día? ¿Es suficiente con esforzarnos y demostrarle a nuestra pareja todo lo que sentimos por ella ese día?

En estos días en los cuales, el tema de conversación central suelen ser las rebajas o  importantes descuentos que realizan los comercios y los grandes almacenes en sus diferentes artículos, me parece interesante hablar acerca de la compra compulsiva u oniomanía. Para ello, en primer lugar me gustaría definir este concepto, aunque todos nos hacemos una idea de lo que alberga en sí.  

La adicción a las compras se caracteriza por un impulso incontrolable por adquirir productos innecesarios y superfluos, es decir, la persona que compra compulsivamente adquiere artículos de forma repetitiva y constante, siendo común en ocasiones, gastar más de lo que se tiene o incluso hurtar dinero, todo ello para comprar “caprichos”. Este tipo de conductas pueden poner en peligro la economía familiar con tal de satisfacer el ansia de comprar, ya que esta conducta, como ocurre con el resto de las adicciones, genera un alivio del malestar o tensión experimentada.

 

Contaba un predicador que, cuando era niño, su carácter impulsivo lo hacía estallar en cólera a la menor provocación. Después de expresar su ira, casi siempre se sentía avergonzado y pedía disculpas a quien había ofendido.

Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó al salón, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo:

     ¡Arrúgalo! - El muchacho, con cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel una bolita.

     Ahora (volvió a decirle el maestro),  déjalo como estaba antes.

 

Hoy, en el día internacional de las personas mayores, quiero centrarme en la importancia que tiene el envejecimiento activo para el bienestar de esta población.


Tras los cambios que se producen con la edad, como la jubilación, el síndrome del nido vacío y la soledad, la mayoría de las personas experimentan sentimientos de tristeza e inutilidad que afectan a su autoestima. Esto se produce porque dejan de realizar o de delegarles tareas que hacían habitualmente, la monotonía se apodera de sus vidas e incluso pueden llegar a sentir que los de su alrededor no les necesitan.

En estos días, la mayoría de las personas pasan por la popularmente conocida como “depresión postvacacional”. Esta, es un conjunto de síntomas que presentan las personas cuando se reincorporan a sus puestos de trabajo u obligaciones diarias, ya sean escolares, laborales o familiares tras el periodo estival.

 

Este síndrome, que se caracteriza por manifestar cansancio, apatía, insomnio, irritabilidad, falta de concentración, bajo estado de ánimo y cambios de humor, se produce por un cambio drástico en las rutinas y horarios de los que disfrutamos en las vacaciones. 

Los problemas para comer suelen ser muy comunes en la infancia, sobre todo en torno a los 2-3 años, donde los niños todavía no tienen establecido correctamente el hábito de comer. La alimentación en este grupo de edad es fundamental, pues los niños están en continuo desarrollo.

Por esta razón, los padres ponen todo su empeño en que los niños adquieran unos buenos hábitos nutricionales. Además, estos serán la base para una alimentación equilibrada en la vida adulta.

Todos alguna vez  cuando nos hemos sentido mal, hemos reflexionado acerca de nuestra vida, acerca de lo que tenemos y lo que querríamos tener en ella.

Es en ese momento, cuando realmente te das cuenta de que lo que necesitas es un cambio, aire fresco, conocer gente nueva, hacer cosas nuevas… porque últimamente tu vida se está convirtiendo en  fotocopias de un mismo día, y eso nos hace sentir mal, porque no estamos aprovechando el tiempo tan escaso del que disponemos.

 

El hecho de conocer e incorporar a gente nueva a nuestro círculo de amistades o conocidos es algo positivo. Nos hace sentir bien porque somos seres sociales

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